Los PFAS en cosmética: usos y normativa
Los PFAS, o sustancias per- y polifluoroalquiladas, son un tipo particular de compuestos caracterizados por enlaces carbono-flúor, uno de los enlaces químicos más estables que existen. Y es precisamente esto lo que constituye su principal defecto: son extremadamente difíciles de degradar y persisten en el medio ambiente. Se encuentran en determinados productos cosméticos porque poseen propiedades específicas. Pero esto está a punto de cambiar, al menos en Francia y próximamente en Europa, ya que actualmente están o bien ya prohibidos, o bien en proceso de prohibición, dado que los productos cosméticos no se consideran un uso esencial para el legislador. Lo cual conlleva ciertos retos en cuanto a la estrategia de análisis de conformidad.
Son muy persistentes, a veces tóxicos, y ya no son bienvenidos en nuestros productos cosméticos. Se trata de los PFAS, de los que últimamente se habla mucho. Y aunque todavía se encuentran en algunos cosméticos, esto no seguirá siendo así durante mucho más tiempo.
¿Qué son los PFAS?
Los PFAS son compuestos orgánicos de síntesis fluorados. Pero la presencia de átomos de flúor no equivale automáticamente a un PFAS. La definición de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) es la siguiente: toda sustancia fluorada que contenga al menos un átomo de carbono (grupo metilo o metileno) completamente fluorado (-CF3 o -CF2), sin ningún átomo de hidrógeno, cloro, bromo o yodo unido a él. En resumen, toda molécula que contenga un grupo metilo o metileno perfluorado se considera un PFAS.
Esta definición abarca una amplia familia de moléculas (varios miles, hasta 12.000 o incluso 15.000 según las fuentes) con perfiles muy variados. Se distingue entre los polifluoroalquilos y los perfluoroalquilos (según la posición del grupo perfluorado), y pueden ser poliméricos o no poliméricos. El tamaño de la molécula influye enormemente en su comportamiento: los PFAS pequeños y no poliméricos son más móviles, tanto en el medio ambiente como en los organismos. Dado que el enlace C-F es extremadamente estable, los PFAS son muy persistentes por ser muy difíciles de degradar (aunque no son eternos). Esta es, por lo demás, la característica común a todos los PFAS, que aparte de esto pueden presentar una gran variedad de propiedades (y por tanto de usos), pero también de perfiles toxicológicos. Por ello no es posible generalizar sobre su toxicidad: algunos se utilizan en el ámbito médico y se consideran inertes, en particular los polímeros.
Se encuentran en ámbitos muy diversos, como los utensilios de cocina (propiedades antiadherentes), la ropa y los equipos de protección, la aeronáutica, las pinturas, el material médico, los principios activos farmacéuticos, la transición energética… y los productos cosméticos.
¿Para qué se utilizan los PFAS en cosmética?
En comparación con otros sectores, el uso de los PFAS en cosmética es minoritario. Solo el 1,4 % de los productos cosméticos europeos los contienen, principalmente en la categoría de maquillaje (poco más del 3,5 % de los productos los contienen), pero también en productos de cuidado de la piel, capilares o de higiene (menos del 1 %, e incluso menos del 0,5 %).
Según la definición de la OCDE, se han identificado 36 PFAS (poliméricos o no) en cosmética, entre ellos el ya conocido PTFE (Teflón©). Se utilizan con funciones de emulsionante, agente antiestático, estabilizante o agente filmógeno. Muy estables y resistentes al agua y a las materias grasas, también aportan un acabado brillante y liso, así como una larga duración.
Sin embargo, la presencia de PFAS en los cosméticos no siempre es intencionada. Puede resultar de una migración desde el envase, si este los contiene, pero también de un aporte a través del agua si esta no está debidamente purificada. El problema es que los tratamientos convencionales del agua no retienen necesariamente todos los PFAS, en particular las moléculas más pequeñas. Algunos PFAS, como el TFA (ácido trifluoroacético), se utilizan en diversas reacciones químicas de síntesis. Por ello, pueden estar presentes en determinadas materias primas (como ciertos péptidos) como impurezas de proceso técnicamente inevitables.
¿Hacia la prohibición de los PFAS en los productos cosméticos?
La toxicidad de algunos PFAS y, sobre todo, su extrema persistencia en el medio ambiente y su bioacumulación han llevado a los legisladores a plantearse una restricción de su uso. Los productos cosméticos no se consideran una vía de exposición mayoritaria a los PFAS (las vías principales son la alimentación y el agua). Sin embargo, el carácter no esencial atribuido a los productos cosméticos en comparación con otros sectores hace que esta sea una de las primeras industrias en las que se prohíba su uso, sin excepción alguna, tanto a nivel europeo, en el proyecto de restricción REACH, como en Francia.
A nivel europeo, algunos PFAS ya están regulados desde la década de 2000, pero en 2023 la ECHA propuso una restricción general de los PFAS, que se encuentra actualmente en la fase final de su evaluación científica. Su objetivo es prohibir progresivamente la fabricación, la comercialización y el uso de los PFAS, salvo para aquellos usos considerados esenciales y difícilmente sustituibles. El plazo de prohibición sería, en principio, de 18 meses tras la publicación del texto.
Los umbrales establecidos son los siguientes:
- ≤ 25 ppb para cada PFAS (excluidos los polímeros);
- ≤ 250 ppb para la suma de los PFAS (excluidos los polímeros);
- ≤ 50 ppm de flúor total en un artículo (incluidos los PFAS poliméricos).
Cabe recordar que otras normativas europeas transversales ya han abordado el tema de los PFAS, como las relativas a la calidad del agua, los alimentos o los envases.
La ley francesa (Ley n.º 2025-188, de febrero de 2025), en vigor desde el 1 de enero de 2026, se ha adelantado: queda prohibido fabricar, exportar, importar y comercializar/poner a disposición cosméticos que contengan PFAS, ya sea su presencia intencionada o no. Los umbrales fijados son los mismos que los previstos en el proyecto de restricción REACH.
Se esperan aclaraciones por parte de las autoridades de control sobre los métodos de análisis, ya que por el momento no se ha confirmado ningún método oficial (el proyecto de restricción REACH hace referencia a recomendaciones de pruebas). Uno de los comités científicos europeos ha reconocido que el umbral de 25 ppb podría no ser alcanzable para determinados PFAS con los métodos analíticos actuales.
¿Qué análisis permiten evaluar la presencia de PFAS?
Como suele ocurrir, los productos cosméticos resultan ser matrices diversas y complejas de analizar. Si bien existen métodos para el agua, actualmente no hay métodos de análisis armonizados para la detección de PFAS en productos cosméticos. Por ello, es necesario adaptar los protocolos en función de los riesgos y las matrices.
Los enfoques globales evalúan la cantidad de flúor (total u orgánico adsorbible) o buscan fragmentos de PFAS (fragmentos CF3 o CF2). No permiten identificar los compuestos y, en ocasiones, ni siquiera son específicos de los PFAS (flúor). Se mantienen en el orden de magnitud del ppm. Los enfoques dirigidos incluyen la cuantificación de los productos de oxidación (ensayo de precursores oxidables totales), la cuantificación dirigida (compuestos buscados por determinar, de 20 a más de 600 PFAS) y la búsqueda y cuantificación del TFA. El orden de magnitud es el ppb. La mejor estrategia de análisis sigue siendo, por el momento, combinar enfoques dirigidos y globales.
El TFA (ácido trifluoroacético) constituye un verdadero desafío. Si no se añade como tal, puede proceder de la degradación de determinados PFAS. Sobre todo, puede tratarse de una impureza del proceso de fabricación, por ejemplo en la síntesis de ciertos péptidos. No siempre es posible detectarlo en un producto terminado, ya que esta molécula tan pequeña puede quedar atrapada por otros ingredientes, como ceras, aceites o polímeros. Por ello, resulta fundamental realizar las verificaciones adecuadas con los proveedores y/o analizar las materias primas.
Si bien Francia se ha adelantado, es de esperar que Europa la siga muy pronto: los PFAS son ahora persona non grata en los productos cosméticos, ya sea que se añadan de forma intencionada o no. Por ello, es necesario implementar una verdadera estrategia de control de toda la cadena de producción, desde las materias primas hasta el producto terminado, pasando por el agua, para mantener la conformidad. Sin olvidar trabajar en la sustitución de los compuestos en cuestión, algo que no siempre resulta tan sencillo.

